Asumo automáticamente que a la gente no le agrado, así que no hablo con nadie a menos que se acerquen a mí primero. No puedo ser parte de la multitud, porque siempre tengo la sensación de que no pertenezco a ningún lugar.
Me encanta mirarle sin que me vea, observarle mientras está concentrado, serio, ajeno y cuando está de otro modo, me encanta igual.